Final UEL Basilea 18 de Mayo de 2106

Final UEL Basilea Liverpool Sevilla FC 18 Mayo de 2016

 

La idea surgió espontánea, como un chispazo de genialidad de Reyes dando un pase milimétrico a Bacca en Varsovia. Idea y ejecución. Y levantamos nuestras espadas para decir cuenta conmigo. Llenar una furgoneta para ir a Basilea estaba en marcha. Nos íbamos a Basilea con la furgoneta.

Y el verbo se hizo acto. Nos coordinamos y a cada cual se le asignó una tarea. Se calculó el presupuesto, se buscó la ruta y se buscó el hotel donde pasar la noche previa y la posterior al partido, se calculó hasta cuántas bolsas de patatas fritas eran necesarias para el camino. Y salimos, cómo no, desde donde siempre, con una puntualidad suiza que hizo que nos admiráramos de nosotros mismos. Engalanamos la furgoneta con la bufanda y bandera de la peña y ya no había vuelta atrás. De hecho, no paramos ya hasta Hernani, cuando decidimos que era hora de empezar a enfriar nuestras viandas. Primera toma de contacto con el hielo. Luego vinieron los peajes franceses, el interminable atasco a las afueras de Burdeos, el volantazo para evitar a las que a la fuerza nos querían quitar los mosquitos del parabrisas, la carretera secundaria donde las autoridades francesas de tráfico nos hicieron una simpática foto, las paradas para estirar unas piernas que, gracias al espíritu que llevábamos, no se nos llegaban a entumecer.

Cuando estábamos llegando a Basilea, justo antes de cruzar la frontera, empezamos a ver a los primeros ingleses, con mención honoris causa al de los calcetines blancos hasta las rodillas, pantalón corto y sandalias. Empezábamos a notar la manifiesta minoría numérica en la que íbamos a estar, pero eso no nos paraba, más bien al contrario, nos alentaba. Ellos van a ser solo 20.000. Nosotros somos 7.000. Y al fin, llegamos a nuestro destino. Y empezamos a ver caras amables. Amables porque eran de los nuestros, pero fieras y decididas a darlo todo. Vimos Basilea en una vuelta de poco más de una hora, donde nos fuimos encontrando a cada paso a caras conocidas, nos hicimos alguna que otra foto y ya nos fuimos hacia la Fan Zone.

Cualquiera que haya estado en alguna otra final sabe que la Fan Zone es un elemento fundamental para las aficiones, pero la ciudad de Basilea pensó que no era para tanto y solo dispuso una serie de baños portátiles y algunos contenedores de basura. El escenario fue pequeño y malo. Daba igual. Los nuestros estaban allí y la fiesta duró varias horas, hasta que las autoridades empezaron a marear con el tema del transporte hacia el estadio.

Primero que el tranvía, que llevaría como mucho a 200 personas, salía a las 17.00. Luego, que no habría. Luego que buses. Al final nada. Decidimos irnos andando hasta el estadio, bajo una incesante lluvia y un no parar de cantar. No nos escoltó la policía. No se cortó el tráfico. No había indicaciones de absolutamente nada. No importó, pues llegamos a nuestro destino.

Una vez en los accesos al estadio, se volvió a poner de manifiesto la inutilidad de la ciudad de Basilea y de otras autoridades suizas para organizar el partido. Un solo acceso para casi 7.000 personas y donde estaban mezclados los aficionados ingleses. Una ratonera. A 20 metros, cuatro puntos de acceso para los del hospitality de la UEFA. Una sensación de inseguridad y de peligro impresionante. Niños que corrían riesgo de ser aplastado, un aficionado en silla de ruedas que tuvo que ser llevado en volandas por encima de las vallas. Impotencia y rabia de ver que nos trataban peor que a ganado y no se hacía ni el más mínimo esfuerzo en arreglar la situación. El cabreo era generalizado y más cuando veíamos a aficionados del Liverpool en nuestra zona. Que no había separación ninguna y que en cualquier momento podía pasar algo.

Y pasó que el sevillismo marcó su territorio y no dejó que nos aplastaran, mientras la policía y los stewards de la UEFA miraban y eran incapaces de controlar el caos que ellos habían cocinado y condimentado. Y empezó el partido.

Empezó con nuestra grada demostrando que está al nivel del equipo y que el campeón retaba al aspirante. Solo el gol de Sturridge nos hizo bajar unos decibelios nuestro ímpetu, pero luego vino la segunda parte.

Una segunda parte en la que el campeón castigó el hígado del aspirante con un certero directo de Gameiro, con jugada magistral de Mariano, que se resarcía de haberle dado el espacio a Sturridge en el gol inglés. Ahí supo Europa que el Sevilla era el campeón.

Gameiro seguía teniendo las ocasiones que le fabricaba Banega. La grada elevaba los bemoles y el equipo era consciente de ellos, que respondía con la misma garra que la afición y se mordía el escudo al grito de "sus y a ellos".

Los 7.000 de Basilea. Nosotros ayudamos a triangular a Vitolo con Banega y Gameiro. Le señalamos al canario el camino bajo las piernas de Milner y le dijimos a Coke que era su momento, que las puertas de la gloria estaban a un derechazo de distancia. Y el aspirante besó la lona.

Y el capitán en el campo celebró con los suyos, ante ellos, con la rabia de ser la infantería que abre campo para que luego entren los demás en tromba. Pero volvió a ser él, en una bajada de guardia de la defensa del Liverpool, quien certificó el KO al aspirante. La grada era ya una. Los 7.000 cantaban, gritaban, saltaban a la vez.


Final UEL Basilea Sevilla FC 18 Mayo de 2016
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